Uno de los asuntos centrales fue el INIR (Ingeniero Interno Residen-te), una propuesta de formación re-glada y supervisada para ingenieros sanitarios. Para Pérez Blanco, uno de sus principales atractivos está en conseguir que el talento de ingenie-ría permanezca dentro de las organi-zaciones sanitarias y participe en los proyectos desde sus primeras fases.

Julio Mayol llevó esa colaboración hasta la universidad: estudiantes de Ingeniería y Medicina deberían empe-zar a encontrarse ya durante su for-mación si después van a tener que trabajar juntos.

En la clausura participaron asimismo María Cruz Díaz Álvarez, presiden-ta del Instituto de la Ingeniería de Es-paña, y Pedro Gullón, director ge-neral de Salud Pública y Equidad en Salud del Ministerio de Sanidad.

A lo largo de las dos jornadas, Carlos Jiménez Alonso tuvo un papel es-pecialmente significativo en ese diálo-go entre mundos. Como responsable del resumen ejecutivo de la primera jornada y moderador de la mesa so-bre infraestructuras sanitarias del fu-turo, su participación sirvió de nexo entre muchas de las cuestiones que recorrieron el Congreso: tecnología, ingeniería, procesos y organización.

Tal vez ahí esté la verdadera disrup-ción. No en un robot entrando en un quirófano ni en un algoritmo capaz de encontrar en segundos algo que antes llevaba horas. Un hospital no se transforma acumulando tecnolo-gía, sino consiguiendo que médicos, ingenieros, gestores y profesionales sanitarios puedan utilizarla para hacer mejor su trabajo y, finalmente, cuidar mejor al paciente.

Durante dos días se habló de inteli-gencia artificial, robótica, imagen mé-dica, monitorización, automatización, Anatomía Patológica digital, gemelos digitales y nuevas infraestructuras. Sin embargo, al terminar, la impresión era otra. El hospital del futuro depen-derá tanto de las máquinas que sea-mos capaces de construir como de nuestra capacidad para conseguir que todas ellas -y quienes trabajan con ellas- funcionen juntas.

Porque quizá la tecnología ya haya llegado. Lo verdaderamente disrupti-vo será saber qué hacemos con ella.